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Octubre 2026 Escritura

Lo que el escritor lleva dentro: de dónde salen los personajes

Cuando un escritor escribe, siempre se cuela en la historia: sus vivencias, su entorno y las palabras que ha oído acaban dando vida a personajes y nombres.

Hay algo que todo escritor acaba descubriendo, más tarde o más temprano: cuando escribe, siempre se cuela en la historia.

Da igual que sea una novela de seiscientas páginas o un relato de cuatro. Lo vivido, lo sufrido, lo reído y todo lo que forma su entorno termina encontrando un hueco entre las líneas, unas veces porque el autor lo decide y otras sin que se dé cuenta.

Las palabras de sus personajes, protagonistas o secundarios, suelen ser en buena medida las que él mismo ha oído o pronunciado. Ese giro que le sale tan natural al abuelo de la historia probablemente sonó una vez en una cocina, hace muchos años, y se quedó guardado en la memoria esperando su momento.

Con los personajes ocurre lo mismo, y con sus nombres también. Nacen de la gente que rodea al escritor: de quienes quiere, de quienes admira y, a veces, de quienes le hicieron daño. Porque la página en blanco ofrece una oportunidad muy tentadora: cerrar viejas heridas con enemigos personales sin levantar la voz y sin que nadie se entere. Casi siempre, en el fondo, es una forma de hacer las paces.

Yo mismo lo sé bien. En mi novela Damián me apoyé en la personalidad de los miembros de la comunidad capuchina de Murcia para dar vida a ciertos personajes del convento. No son retratos exactos, pero quien los conoce reconoce enseguida de dónde viene cada rasgo.

Hay otro ejemplo, más sencillo y más entrañable. Durante una temporada viví en Pinto, porque mi hija estaba a punto de dar a luz. Eran días de espera e ilusión, y en aquellas cafeterías, desayunando, coincidía con vecinos anónimos que no sabían nada de mí ni de mis novelas. Algunos de sus nombres acabaron en Damián. Ellos jamás lo sabrán, pero ahí están, para siempre, dentro de una historia que atraviesa los siglos.

Porque, en el fondo, un escritor plasma su vida y sus vivencias en su obra, de forma consciente o inconsciente. Y las personas cercanas suelen darse cuenta. Quien lo conoce bien detecta enseguida qué hay de él en lo que escribe: una manera de hablar, un gesto, una situación que le suena de algo.

Por eso, si un día alguien le dice «esto te lo has sacado de aquella vez que…», el autor no debe asustarse. Es la prueba de que su obra tiene raíces, y eso, en literatura, es muy buena señal.

Así que, si estás empezando a escribir, mira a tu alrededor, escucha y apunta. Tu historia ya está ahí, esperándote.

J
J. O'Pater Murcia, octubre de 2026
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