Mil seguidores y ningún lector
Seguidores y lectores son cosas distintas. El seguidor te concede un gesto; el lector, su tiempo y su dinero.
Hay una idea muy extendida entre quienes escribimos: si tienes presencia en redes, tendrás lectores. Yo llevo tiempo observando que no funciona así.
Las redes sociales son estupendas para muchas cosas. Te permiten dar a conocer tu trabajo, conectar con otros escritores y sentir que no escribes en el vacío. Pero no hay que confundir lo que dan con lo que no dan.
Seguidores no son lectores
El seguidor te concede un gesto: un «me gusta», un corazón, un comentario amable. El lector te concede algo mucho más valioso: su tiempo y su dinero.
Basta mirar alrededor. Hay autores con más de mil seguidores que, más allá de su círculo cercano, venden algún ejemplar suelto. La audiencia está, pero es pasiva. Aplaude, no compra.
Un aplauso de un segundo no es una lectura de varias horas.
Por qué ocurre
Las redes están pensadas para el consumo rápido: se desliza, se reacciona y se pasa a lo siguiente. Un libro pide justo lo contrario, atención sostenida. Es un salto enorme pasar de un gesto de un segundo a varias horas de lectura, y casi nadie lo da solo porque le guste una publicación.
Entonces, ¿sirven de algo?
Sí, pero hay que ponerles el listón en su sitio. Para mí son un escaparate y un lugar de encuentro, no una fábrica de lectores. Los lectores de verdad llegan por otros caminos: una recomendación de alguien de confianza, una presentación, una reseña, un buen rato charlando con quien ya te ha leído.
Por eso sigo cuidando este blog. Aquí no hay algoritmo ni prisa, y quien llega hasta el final de una entrada ya ha demostrado que sabe quedarse.
Y si me lees desde las redes, me gustaría saber cómo llegaste hasta aquí. Puedes contármelo desde la página de contacto.